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Una reflexión sobre nuestra comprensión de la economía digital

La nueva evaluación que Telefónica ha llevado a cabo sobre la prosperidad mundial parece redefinir la manera en que se mide el desarrollo digital en el mundo entero.

Se espera que en 2016, el número de personas conectadas a Internet supere los 3 mil millones. A medida que crecen las oportunidades en torno al mundo digital, el término “economía digital” se ha extendido por doquier; se ha hecho multifuncional para discutir muchos aspectos de la vida digital, desde el auge del comercio móvil a la prosperidad de una región en particular.

Aunque un uso libre de este término no concluyente puede ser útil para enmarcar discusiones sobre el auge de la tecnología, esto dificulta la tarea de precisar y evaluar la verdadera naturaleza de la economía digital global.

Generalmente, los intentos de medir la economía digital global dependen mucho de factores particulares como la infraestructura, la adopción de tecnología o la conectividad, temas mencionados en el Mobile World Congress anual de Barcelona. Es igualmente tentador valorar la economía digital en términos financieros, es decir, tener en cuenta únicamente el crecimiento de las empresas digitales y los beneficios que generan. Aunque este enfoque puede proporcionar una instantánea interesante, no debería confundirse con una amplia visión general de la salud digital de una nación.

De modo que ¿cuáles son los factores esenciales para definir la economía digital? Las tecnologías digitales ofrecen un sinnúmero de posibilidades y oportunidades en todo el mundo, sin embargo, diferentes regiones y países se están equipando y adaptando a los rápidos cambios de maneras muy distintas. Esto también puede plantear dificultades para definir un conjunto de reglas.

Con la finalidad de responder a algunas de estas interrogantes, Telefónica se unió a un equipo de importantes académicos para crear el índice de Telefónica sobre vida digital (Index on Digital Life, TIDL, por sus siglas en inglés), un intento de medir el equilibrio de la sociedad digital en 34 países.

Antes del lanzamiento de este ambicioso proyecto, Ronan Dunne, director ejecutivo de Telefónica UK declaró: “La manera en la que actualmente se mide la prosperidad digital de forma holística en el mundo es arcaica y bidimensional. Da la impresión de que la economía digital se juzga simplemente en el nivel del acceso, en lugar de tener en cuenta el equilibrio de los factores socio-económicos digitales.”

Tres de estos factores socioeconómicos digitales, conjuntamente con unos 100 indicadores clave del desempeño, estarán en el centro del estudio para garantizar que el TIDL ofrezca una amplia visión general.

Los factores son:

Amplitud

Los servicios públicos digitales se están convirtiendo en una parte esencial de la vida diaria, desde pagar las facturas y navegar por los servicios gubernamentales hasta la prestación de TI en las escuelas. Cuando se estudia a la par de los niveles de confianza e iniciativa empresarial, un estudio sobre la amplitud puede destacar lo bien que los países y las regiones, ambos en términos de ciudadanos e instituciones, se están adaptando e innovando en torno a las posibilidades digitales.

El estudio de amplitud del TIDL también da cuenta del nivel de competencia entre los proveedores de servicios de Internet, los operadores móviles y la libertad que esos proveedores les permiten a sus clientes.

Confianza

La confianza es un componente importante de la salud digital de una región. Un área de matices, como la confianza digital de una nación, toma muchas formas diferentes, con actitudes hacia asuntos tales como la privacidad en línea y la amenaza del software malicioso, que ayudan a definir la prosperidad digital.

A la luz de los recientes escándalos de piratería de alto perfil y de filtraciones de datos, la privacidad y la seguridad están en primera línea en la mente de mucha gente, y la forma en la que las percepciones sobre dichos asuntos se manifiesta es fundamental para cualquier narrativa en torno a la vida digital.

Iniciativa empresarial

“Empresa” y “digital” están tan entrelazados en estos tiempos que algunos sostienen que los dos términos ya son indivisibles. En la medida en que toda nuestra vida está cada vez más digitalizada, las empresas deben continuar adaptándose para sacar el mayor provecho de las tecnologías con el fin de mantenerse vigentes. Emergen nuevos productos y servicios, y tenemos a Airbnb y Uber como ejemplos de lo que es la interrupción digital.

La iniciativa empresarial es otro aspecto esencial para definir la economía digital. La Tech City de Londres y, por supuesto, Silicon Valley acaparan los titulares en términos de emprendimientos de tecnología e inversiones de capital en empresas, pero las finanzas y la innovación son temas candentes en todo el mundo y los resultados iniciales del informe muestran lo importantes que son estas áreas para una perspectiva digital saludable.

Como señala Dunne: “Es la combinación y el equilibrio de estos factores lo que garantizará que aprovechemos al máximo la oportunidad que nos presenta la tecnología digital”.

Al usar estos factores, el TIDL busca zanjar el debate en torno a lo que constituye la economía digital y, en el proceso, reformular el modo en el que se mide el desarrollo digital en todo el mundo. La esperanza es que permitirá que los participantes clave, tales como gobiernos locales y regionales, educadores y legisladores, entiendan la dinámica de la vida digital de forma más práctica y, finalmente, con un mayor impacto.

Este artículo se publicó inicialmente en The Guardian: http://www.theguardian.com/digital-life/2016/feb/22/rethinking-how-we-understand-the-digital-economy